España debutó en la Copa del Mundo en 1934 y durante décadas cargó con la etiqueta de selección de gran talento individual sin premio colectivo, hasta que el título de Sudáfrica 2010 cambió su historia para siempre: el gol de Andrés Iniesta en la prórroga ante Países Bajos le dio su primera estrella y confirmó la generación dorada surgida tras las Eurocopas de 2008 y 2012.
Dieciséis años después, “La Roja” volvió a coronarse campeona del mundo en el Mundial 2026 de Norteamérica, imponiéndose 1-0 a Argentina en la gran final disputada el 19 de julio de 2026. Con esta segunda estrella, España se confirma como una de las grandes potencias históricas del fútbol mundial y llega al Mundial 2030 como vigente campeona, con la ambición de revalidar el título jugando, además, como país coanfitrión.
El bloque campeón en 2026 combina la base de La Masia con futbolistas de proyección mundial: Lamine Yamal, la gran figura del torneo y ya referencia global del fútbol español, Pedri y Gavi en la sala de máquinas del mediocampo, Nico Williams como desequilibrio por banda, y Pau Cubarsí y Joan García sosteniendo una defensa y una portería que apenas concedieron ocasiones durante todo el campeonato.
Bajo la dirección de Luis de la Fuente, esta generación combina la experiencia de la Eurocopa 2024 con el impulso de nuevos talentos, y llega al ciclo 2030 con margen para seguir creciendo antes de la cita en casa.
España afronta el Mundial 2030 en una posición histórica: como vigente campeona del mundo y, a la vez, como uno de los seis países coanfitriones del torneo, junto a Portugal y Marruecos en la fase principal, y Uruguay, Argentina y Paraguay en los partidos del Centenario. El objetivo es claro — revalidar el título jugando como local, algo que ninguna selección ha logrado en la era moderna del Mundial, y convertir el respaldo de su afición en una ventaja decisiva camino a una tercera estrella.